Ahora mismo estáis leyendo la primera línea del texto pero creedme que llevo un buen rato pensando cómo le meto mano para que se entienda y no se malinterpreten las ideas que pretendo exponer, probablemente por no saber hacerlo con la claridad que correspondería. Muchas veces uno olvida que el boceto o la imagen que uno presenta, a pesar del trabajo y la reflexión previa, se está enfrentando a realidades y espacios diferentes que deberían guardar cierto equilibrio y que esa ciudad que se planifica y concibe se enfrenta a esa ciudad que se vive y se percibe, tanto individualmente como en comunidad. Difícilmente se está realizando una buena práctica urbana cuando el espacio físico de la ciudad choca frontalmente con unos espacios sociales y personales que cuentan con un inalienable derecho a ella. Y sí; es por lo de Burgos, aunque no tenga intención de profundizar hoy en ese tema y prefiera tomar un ejemplo local.
Podríamos divagar durante horas sobre teorías de conjuntos y análisis espaciales o epistemológicos para intentar dar solución al problema de la configuración del lugar del espacio urbano. De si el lenguaje define el espacio o el espacio el lenguaje, de si ese entorno físico de la ciudad surge en lo individual o en lo colectivo, de si esos espacios sociales, personales y del planificador son independientes o aparecen imbricados y contenidos en un sistema espacial superior que les condiciona y limita su percepción y conocimiento... y bajando a la tierra y al prosaico mundo de la planificación urbana, cada día tengo más claro que los procesos "bottom-up" (de abajo a arriba) en los que la participación ciudadana juega un papel fundamental, pasados por el tamiz del planificador y el diálogo, son la manera menos mala de plasmar soluciones interesantes y sensatas.
Y aquí mi reflexión: Sinceramente, me parece ingenuo que una comunidad a mi juicio alienada por un sistema socio-económico perverso, injusto y desigual, pueda generar soluciones urbanas eficaces y liberadoras por mucha buena voluntad democrática y organizativa que se busque. Tenemos que escucharnos TODOS y en todas direcciones si queremos encontrar respuestas y soluciones que realmente busquen el bien común, y la autosuficiencia, libertad y felicidad.
Hoy nos vamos "de viaje" al Barrio del Oeste, aunque este ejemplo podría servir para muchas otras calles de nuestra ciudad. Por cierto ¿Qué es una calle? ¿Nos lo hemos preguntado alguna vez? Las vivimos, las reconocemos, las sufrimos... pero ¿Qué es una calle? ¿Un mero elemento urbano lineal y vacío destinado a la circulación desde nuestro hogar a los centros de producción económica, consumo, ocio, formativos...? ¿Nos queremos creer que es sólo eso? ¿Realmente una comunidad que vela por el interés general acordaría o generaría calles así? Y desde un punto de vista individual ¿Somos seres tan simples? ¿Somos vulgares lemmings descerebrados y dirigidos sin ningún tipo de aspiración, anhelo, rebeldía o búsqueda de la libertad en el espacio público?
Creo que al observar imágenes como ésta podemos afirmar que partimos de una paradoja, de una contradicción urbana de base al negar a la "polis" su derecho a la misma, fomentando de manera deliberada e inconsciente (penica de sistema) desequilibrios, retorciendo necesidades, generando interesadas dependencias...
A lo que voy. Ahora basándome en lo expuesto anteriormente podría entrar como un elefante en una cacharrería y plantear una solución urbanística drástica para esta calle con toda mi buena voluntad y cargada de razones y argumentos pero sería bastante ingenuo creer que no va a chocar con la visión espacial, vivencial y conceptual que de ella tienen vecinos, en comunidad o individualmente y que es igual de respetable que cualquier otra.
Voy a intentar dar entonces una solución técnica a lo que creo que es un problema, intentando razonarla y explicarla:
Creo que una comunidad libre, autosuficiente, dinámica, inquieta, alegre, económica-social e intelectualmente "saneada"... no genera semejantes espacios urbanos, tan limitados, repetitivos, desprovistos de decenas de funciones y necesidades y lo que es peor, diabólica e interesadamente diseñados para que no puedan asumirlas a futuro. Muy bien; necesitamos movernos y lo hacemos de muchas maneras: La mayoría en Salamanca caminan en sus desplazamientos cotidianos (cerca del 70%) otros utilizan el transporte público o su vehículo privado, una minoría cada vez mayor se desplaza en bicicleta... Por un lado creo que a todos nos gustaría que las cosas cambiasen y vivir en una ciudad más limpia y eficiente pero no asumir que un porcentaje de la población nada despreciable sigue y seguirá desplazándose en coche y planificar negando esta realidad sería un disparate (aspecto que creo que se ha malinterpretado en otras entradas de este blog)
Dejando a un lado la movilidad, importante sí, pero un elemento más en la ciudad, veamos imágenes de otras calles e intentemos analizarlas cada uno un poquito:
La calle no tiene porqué supeditar a una "necesidad" de movilidad, aspectos vitales como la estancia, el encuentro, el intercambio de ideas, el disfrute, la imaginación, el flujo de la información, la reunión... Vale, muchos me diréis "Sí, pero el espacio de una calle del barrio del Oeste es el que es y de donde no hay no se puede sacar y salvo que quites espacio al coche no vas a logar algo así y por supuesto, no vas a quitar espacio al coche" Y entiendo todas esas afirmaciones.
Vale, reto propuesto. Analicemos cómo se distribuye una calle secundaria de esta zona como podrían ser Joaquín Costa o Isidro Segovia. Vías con muy poco tráfico de coches salvo el que genera la propia búsqueda de aparcamiento ya que se trata de calles que no comunican zonas de la ciudad entre sí ni estructuran el tráfico del barrio. Ahora mismo el espacio en esas calles se distribuye de la siguiente manera:
Minúscula acera, que genera incluso problemas de movilidad y accesibilidad, banda de aparcamiento interrumpida por los vados de garajes a pie de calle y espacio central asfaltado de circulación rodada desproporcionadamente ancho (el carril de circulación de una autovía mide 3,5m y aquí supera con creces los 5,5m) y con una densidad de tráfico testimonial, muy escasa.
Como bien dice el título de la entrada "Compartir es vivir" y me pregunto por qué seguimos apostando por modelos de calle que segregan y compartimentan de manera tan inhumana los diferentes tráficos que se dan en ella a sabiendas que por sus características y volumen todos podrían convivir y que esa convivencia generaría mayor seguridad, actividad, bienestar... etc. No sólo segregamos sino que para más inri esa segregación se jerarquiza y a la hora de hacerlo primero damos espacio al coche y después ya vemos lo que hacemos con las "sobras"
Si en calles con volúmenes de tráfico rodado y peatonal importantes se ha demostrado que la convivencia en el espacio es más segura que la segregación ¿Por qué no en pequeñas y tranquilas calles de barrio? A continuación un vídeo con un ejemplo de espacio compartido en una de las intersecciones más complejas de la ciudad austriaca de Graz. Se ha demostrado que tras poner en funcionamiento este tipo de soluciones, la siniestralidad ha descendido y ha mejorado la fluidez del tráfico.
Otro ejemplo de espacio compartido en una calle de la ciudad suiza de Berna, calle que soporta un tráfico rodado equivalente al que podrían tener aquí María Auxiliadora o la Avenida de Portugal. No hay atropellos, no hay atascos... A lo mejor deberíamos replantear en qué modelo de ciudad vivimos cuando los atropellos no dejan de incrementarse en Salamanca:
Y como último ejemplo de gran intervención urbana y de experiencia de espacio compartido, Exhibition Road en Londres, una gran calle turística en el centro de la ciudad con una densidad de tráfico muy elevada. Os dejo unos vídeos, uno de ellos previo a la reforma (con la polémica que ésta implicaba) otro en el que se muestra la situación actual de esta gran avenida en un contexto diario normal y por último otro que muestra las posibilidades y la versatilidad de este espacio, ahora mucho más flexible:
Y aquí unas imágenes de esta calle:
Y ahora volvamos a nuestra pequeña calle de un tranquilo barrio de Salamanca por la que no circulan cada año nueve millones de peatones. En la imagen siguiente podemos ver la misma calle con la situación actual (abajo) y con una posible propuesta de espacio compartido (arriba)
La sección final sería entonces algo así:
Estamos manteniendo un número similar de aparcamientos que en la actualidad, estamos dejando espacio para la circulación de vehículos (fundamentalmente de residentes) de manera calmada y segura y a la vez aparece ante nosotros un espacio de mayor fluidez, versatilidad y posibilidades:
Qué ganamos?
-Seguridad al calmar el tráfico en pequeñas calles de 120m de longitud.
-Accesibilidad, al eliminar desniveles, escalones y segregación de tráficos...
-Mayor espacio y prioridad para el peatón, principal "usuario" de la calle y equidad a la hora de repartir los distintos tráficos que se dan en este espacio.
-Versatilidad de funciones y riqueza espacial. Calles con un mayor potencial y variedad de usos en función de las necesidades de la comunidad o momento del día al haber acabado con un esquema rígido e ineficaz.
-Mayor calidad ambiental al sustituir el pavimento de asfalto por una superficie continua y con mayor permeabilidad, que junto con la introducción de arbolado favorecerán un correcto ciclo del agua, espacios de sombra, temperaturas atemperadas, retención de partículas nocivas en el ambiente, producción de oxígeno...
-Mejora estética que unido a todo lo anterior favorecen e incentivan el intercambio, el encuentro, la estancia, la presencia... y por ende la actividad económica y comercial de la calle y el bienestar de los vecinos.
Qué perdemos?
-Pues probablemente dos plazas de aparcamiento, dos segundos si hablamos de recorrer la calle en coche y mucho asfalto.
Se esperan opiniones, críticas, reflexiones... y para terminar una rareza de un grupo salmantino de ya hace unos añitos:











































